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ELISA, MI AMADA INMORTAL

Francisco Rodríguez Pérez
El 17 de septiembre de 1956, mi Reina Santa y yo, ambos adolescentes, nos conocimos en la hermosa Ciudad Juárez, en el cruce de las calles 16 de septiembre y Avenida Lerdo, precisamente donde estaba el Banco Nacional de México. Allí iniciamos un diálogo amoroso que, desgraciadamente, se truncó a las 5 de la mañana del 29 de febrero de este año.
Ese día, que se repite sólo cada cuatro años como ajuste al calendario que marca nuestras vidas y nuestros tiempos, estábamos dormidos. Ella despertó. No podía respirar. Platicamos:
– “¡Apóyate en mí, m’ijita”, le dije, para llevarla de la cama al sillón. Le di besos en su cabeza y en su frente. Ella se apoyó. Me abrazó y me dio un beso también.
La senté en su sillón, en lo que me levantaba para preparar un té. En unos minutos regresé a su lado, vi que seguía en la misma posición. Me percaté que no había respiración. Traté de despertarla y no reaccionó. Le hablé a una de mis hijas, quien vive enseguida. Ella se encargó de hablar a los servicios de urgencia.
– “No tiene signos vitales”, nos dijeron al revisarla…
Allí se quedó dormida, como una Santa. Cerró sus ojos y cayó en un profundo sueño. Dejó de respirar. No hubo estertores. Fue lo más hermoso que uno esperaría para morir… Un paro. Así nomás…

Elisa Gil Martínez, nació en Ciudad Juárez, en el Valle de Juárez, hija de un pequeño agricultor, Don Francisco Gil Romero y Doña Ángela Martínez Fuentes de Gil.
Realizó sus estudios básicos y luego el bachillerato. Fue dueña de una cultura general bien lograda.
Nos conocimos bien chavalos: ella trabajaba en un estudio fotográfico, en la Lerdo; yo era archivista de la Aduana de Ciudad Juárez.
Aquella plática de la 16 de septiembre y Lerdo duró casi cincuenta y cinco años: ocho de trato y noviazgo, y 48, casi 49, de matrimonio. Esperábamos celebrar nuestros 50 años, el 25 de mayo de 2013.
Durante los años de noviazgo, me fui a México a estudiar, luego de realizar mis estudios en la secundaria y la preparatoria nocturnas, cuyo puntal enorme era el gran profesor Armando B. Chávez, con su maravillosa y linda esposa.
En plena carrera no pude soportar estar lejos de ella y del noviazgo. Vine por ella. Nos casamos el 25 de mayo de 1963.
La tesis de grado la dediqué: “A la memoria de mi padre, señor Francisco Rodríguez Lozada, hombre optimismo, infatigable en el trabajo y ante la adversidad”. “A mi madre, señora Maura Pérez Vda. de Rodríguez, mujer virtud, abnegación y tenacidad”. “A Elisa, compañera de mi vida”. “A mis pillos: Francisco, Jorge y Argelia que dieron a mi existencia una nueva razón”.
Luego llegaron otros tres hijos, otras tres razones para vivir: Luis Ernesto, Alba Patricia y Elisa.
Elisa, mi amada Elisa, fue acompañante en toda mi biografía, en los actos, en los eventos, en el nacimiento, en los cuidados, en las llevadas y traídas de los hijos a la escuela, en todo. Durante 48 años, mi gran aliada. ¡Bendita sea!
Sin ella no hubiera sido nada en la vida. Ahora sin ella el recuerdo me honra y me hace vivir, aunque sé que nunca será lo mismo.
Ahora sigue el reconocimiento de su vida, de la madre que tuvimos mis hijos y yo, porque después de mi madre, sólo Elisa, la madre que lloramos todos… Una vida de pasión sobre la creación y atención a su familia, en forma muy esmerada.
Su existencia merece un Premio, el premio de las Mujeres dedicadas a la formación de los hogares mexicanos. Con esa labor callada, titánica y sublime, se nos quitarían muchos problemas de disolución social…
Ellas dan lo que pueden dar, que es amor, el principal motivo de una mujer: dar amor. Madres y esposas hacen a uno comprender la grandeza de las mujeres sencillas y grandes, maravillosas, como mi esposa.
Elisa, mi amada Elisa, mi Reina Santa, como le digo desde que nos conocimos, fue una mujer transparente en todo, buena en exceso, sin ser opresora para nada, con un particular sentido de la libertad de todos los demás.
Elisa, Mi Reina Santa, derrochaba amor a la gente, siempre leal a sí misma y a su familia.
Nunca un enojo, una llamada de atención, siempre dulzura y amor. Así era con todo el mundo que la rodeaba. Por eso se hizo grande, en su grande y preciosa familia, y también en la ahora grande familia, de la que ella fue el vértice.
Fui el primer novio que tuvo ella. Y ella fue mi primera y última ilusión de toda mi vida.
A Elisa debemos honrarla en la tarea de toda la vida, de cada día de su vida.
En estos días ante tantos y tantos mensajes de aliento, desde “el paisa”, dolido por lo que nos pasó, al que todos los días íbamos por los periódicos, hasta el Señor Gobernador, les digo que hay que querer mucho a la compañera de la vida de uno.

El mensaje que, a nombre de la familia, pronunció nuestro hijo Luis Ernesto, que es abogado, lo escribió con su puño y letra y lo dijo en la misa:
“Desde que nació, Dios puso sobre los hombros de mi madre una preciosa cruz: el cuidar y dar amor a su familia”.
“Hoy, en su partida, su esposo, sus seis hijos y sus catorce nietos le decimos a Dios, Nuestro Señor, que cumplió y lo hizo de la manera más hermosa que lo puede hacer una madre, siempre con dulzura, dedicación y valentía”.
“Con su vida, mi madre, hizo mejor la vida de quienes la conocían”.
“A mi padre le decimos que fue el mejor de los esposos, que es un pilar para nosotros y que lo necesitamos hoy más que nunca”.
“A todos ustedes les decimos: Gracias por su presencia, por sus muestras de apoyo, sus palabras, su solidaridad y su cariño. En estos momentos nos dan aliento”.
“A Dios, le pedimos resignación y fortaleza”.
“Pasó por la vida haciendo el bien. Si alguien merece ese señalamiento es mi madre.
“Gracias”.
La misa de cuerpo presente fue presidida por el Padre Dizán Vázquez, quien estuvo espléndido en la homilía, como siempre apegado a la doctrina y la creencia firme de nuestra fe, capaz de hacernos entender que sólo quien ama sufre.
Mauricio, el hijo mayor de nuestra hija menor, apoyó al Padre Dizán; nuestra hija Alba Patricia se encargó de la Lectura de la Palabra, y nuestra hija Elisa, del Salmo.
Todos los nietos querían participar. Entre ellos, Maura, quien estaba lista para proclamar la Palabra de Dios.
En el camposanto, nuestra hija Elisa expresó su sentir, con un mensaje de la mujer, madre y puntal de las generaciones.

Sin saber que existías, te deseaba,
antes de conocerte, te adiviné
Llegaste en el momento, en que te esperaba,
No hubo sorpresa alguna, cuando te hallé
El día en que cruzaste, por
mi camino,
tuve el presentimiento, de algo fatal:
Esos ojos me dije, son mi destino,
y esos brazos hermosos, son mi dogal.
Esa canción interpretada por los Hermanos Martínez Gil, obra del compositor Emilio Pacheco, retrataba mi sentimiento hacia Elisa.
Y en la bohemia, se me hacía fácil aplicarme el final de “Andariego”:
…Y cuando yo me muera, ni luz, ni llanto,
ni luto ni nada más
Ahí junto a mi cruz, yo sólo quiero paz
Sólo tú, corazón, si recuerdas mi amor,
una lágrima llévame, por última vez.
En silencio, dirás una plegaria
y por Dios, olvídame después.
Pero ella no estaba dispuesta a cumplir el pacto que esa pieza significa. El miércoles, se me adelantó…
La plegaria la cumplo y cumpliré. Pero jamás podré olvidarla: Elisa, mi amada Elisa, estará siempre en mi recuerdo y en mi vida, como lo estará en la existencia misma de mis hijos y mis nietos, en esta familia, en estas generaciones de la que ella, como todas las mujeres, como todas la madres, es pilar insustituible.
En el amor de pareja, en los pilares donde la mujer destaca, es la mujer madre, la mujer base de la familia y de las generaciones.
En el duelo, pero armando el texto, pedí a Beethoven su inspiración, por Elisa, por su Amada Inmortal, para él un amor imposible, irrealizado; para mí, en cambio, plenamente satisfecho. Pedí a Benedetti trozos de su poesía, y también a Amancio Prada, su poema “Compañera”:
Para siempre me tienes a tu vera,
la querencia me aposta a tu costado,
y si acaso me ausento de tu lado,
tendida junto a ti dejo mi estera.
Para siempre me tienes, compañera,
para siempre me tienes aferrado,
parra que alzas, rosal que te
ha trepado,
yedra tenaz, osada enredadera.
Yo nunca cejo, amor, yo nunca cejo,
a menudo me vuelvo en el camino
y en el rostro me llevo tu reflejo.
Nunca me alejo, amor,
nunca me alejo,
de pájaros me lleno y me culmino
y me venzo hacia ti, por ti me inclino.
¡Hasta siempre, Elisa… mi amada inmortal!Para Elisa, mi amada inmortal

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2 de Octubre, no se olvida. Por Kamel Athie Flores

En 1968 yo cursaba el 3o año de la carrera en la Escuela Superior de Economía del IPN, en el glorioso Casco de Santo Tomás. En aquellos años el fantasma del comunismo recorría los países latinoamericanos, altamente influenciados por el triunfo de Castro en Cuba, y las hazañas guerrilleras del Ché Guevara. Leíamos el Capital de Carlos Marx el Libro Rojo de Mao Tsé Tung, en tanto que la propaganda de la Unión Soviética circulaba por todas las escuelas. El rock y los beatles vivían en su mejor momento.

Los años sesentas fueron un parteaguas a nivel mundial, por las diversas corrientes ideológicas prevalecientes que insinuaban la urgente necesidad de   grandes transformaciones sociales, teniendo como fondo las siguientes reivindicaciones: 1) Abolición del racismo, 2) No represión a las demandas sociales, 3) Libertad de expresión y 4) Apertura democrática. Este parteaguas tuvo como estigma la muerte de Martín Luther King y el magnicidio de Jhon F. Kennedy en Estados Unidos. En Francia y en China, movimientos estudiantiles fueron fuertemente reprimidos.

México no pudo sustraerse a ese entorno, pues tenía frescos el movimiento ferrocarrilero de Demetrio Vallejo, los asesinatos de Rubén Jaramillo y su familia en Morelos; la feroz represión de que fueron objeto los líderes comunistas Othón Salazar y Ramón Danzós Palomino. Enorme conmoción causó también el frustrado asalto al cuartel de Madera el 23 de septiembre de 1965.

Nuestra sociedad estaba sedienta de democracia y de libertad de expresión, cansada de gobiernos inconscientes e intolerantes, por lo que reclamaba ser escuchada, manifestándose de las más diversas formas que fueron invariablemente reprimidas.

En esos aciagos años,   nuestro país era cancha de juego para el espionaje internacional, por la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La CIA tenía vía libre y gozaba de la complacencia de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad, quienes unieron esfuerzos contra la KGB que operaba desde la embajada rusa tratando de ganar espacios en un terreno que se antojaba fértil para el socialismo.

A principios de julio del 68, todos los mexicanos esperábamos con gran expectación la celebración de las olimpiadas. En México D.F. se hizo una gran movilización de los jóvenes de ambos sexos para apoyar el magno evento. Muchos amigos míos se enrolaron a esta noble causa, recibiendo a cambio la libre entrada el día de la inauguración en el estadio México 68.

Todo parecía marchar bien hasta el 23 de julio, fecha en la que estudiantes de la voca 5 se pelearon con estudiantes de la secundaria particular Isaac Ochoterena, riña que fue brutalmente reprimida por los granaderos. Esto encendió a los estudiantes, propiciando manifestaciones en contra del entonces regente General Corona del Rosal, quién intensificó la represión que entre otros eventos desembocó con el conocido bazukazo a la prepa 1 de San Idelfonso.

El ambiente se iba calentando de manera creciente, no sólo por la inconformidad de los estudiantes, sino por los operadores de la CIA y la KGB que tenían gente infiltrada en las filas estudiantiles. El 26 de julio se efectuó una marcha sin precedentes, encabezada por el rector de la UNAM Barros Sierra, la cual aglutinó a más de 300 mil manifestantes, incluyéndome a mi. Allí desfiló el Ing. Heberto Castillo, el pintor José Luis Cuevas y muchos intelectuales más.

Otros eventos trascendentes ocurrieron el 13 y 28 de agosto, días en que se realizaron marchas desde el casco de Santo Tomás y del monumento de la Revolución hacia el zócalo, en donde se escenificó una matanza múltiple de estudiantes, cuyas fotografías recorrieron el mundo, pues era grotesco ver como éstos eran embestidos por las tanquetas.

En las semanas siguientes los habitantes metropolitanos vivíamos momentos de expectación…”como si algo inesperado iba ocurrir”. A las olimpiadas nadie les hacia caso, era pista de otro circo.

El 18 de septiembre a las 10 de la noche, 10 mil soldados tomaban la ciudad universitaria y 1,500 estudiantes fueron detenidos. En la madrugada del 24 de septiembre, los politécnicos libramos una batalla casi cuerpo a cuerpo con los granaderos que intentaban tomar el Casco de Santo Tomás; les quemamos 23 autobuses y los expulsamos. A las 7 de la mañana entraron cerca de mil soldados y 150 paramilitares que tomaron las instalaciones.

El saldo fue por demás rojo, atraparon a 123 compañeros y 12 murieron; a algunos de los heridos los remataron en la Cruz Verde los grupos paramilitares. En mi salón éramos 23 compañeros, después del movimiento quedamos sólo 11.

El miércoles 2 de octubre, un grupo de 5 compañeros originarios de San Luis Potosí y Sinaloa, llegamos a la plaza de Tlaltelolco como a las 4.30 de la tarde, se estaba llenando rápidamente. Recuerdo que era una tarde oscura, nublada y húmeda; empezamos a observar como nos rodeaba el ejército poco a poco. Teníamos temor y el instinto nos indicaba que algo grave iba a ocurrir; nos percatamos que además de los soldados había gente extraña con guantes y pañuelos blancos. Después supimos que era el Batallón Olimpia.

Como a las 5 de la tarde tomó el micrófono el único orador del evento. Se trataba del compañero de la Escuela Superior de Economía de 24 años de edad, oriundo de Sinaloa, Florencio López Osuna. No bien había iniciado su discurso con muchas fallas de sonido e interferencias, cuando desde el edificio Chihuahua salieron múltiples disparos hacia la multitud. Se acabó el discurso y empezó la matanza de cientos de estudiantes, la cual se prolongó hasta el día siguiente con el cateo de cada uno de los departamentos de la unidad habitacional Tlaltelolco, tal como se ilustra en la película “Rojo Amanecer.”

Mis compañeros y yo dijimos “patas pa’ que las quiero” y corrimos rumbo a la colonia Exhipódromo de Peralvillo, en la calle de Adelina Paty, donde nos refugiamos en una sastrería cuya hija del dueño, era de Ciencias Políticas de la UNAM y nos albergó hasta el 3 de octubre por la tarde, saliendo del lugar uno por uno.

A finales de octubre acudí en la Colonia Del Valle a una conferencia de Carlos Madrazo, después de este evento afuera de mi casa me atraparon, pues los grupos paramilitares habían sustraído todos los archivos de la escuela, llevándome al campo militar No.1, donde permanecí cerca de tres meses. Los demás compañeros salieron hasta 1971.

 

Al paso de los años comprendí muchas cosas, por ejemplo que había muchos intereses en juego en el ámbito internacional; que la matanza la decidió Díaz Ordaz instruyendo a su Jefe de Estado Mayor, para que sus subordinados dispararan desde el edificio Chihuahua en contra de los soldados que estaban mezclados con los estudiantes y que comandaba el General Marcelino García Barragán, sin que este estuviera enterado de dichas instrucciones perversas del Presidente de la República.

Nuestro país ya es otro, con otros problemas, donde la corrupción e impunidad se han expandido escandalosamente; la pobreza también se ha ensanchado en las áreas urbanas y rurales; hemos avanzado en la democracia, pero ello no ha contribuido al bienestar de la sociedad…y el sistema político presidencialista parece haberse agotado. Estos, entre otros son los nuevos desafíos que tenemos los mexicanos… 2 DE OCTUBRE …NO SE OLVIDA.

[email protected]

 

 

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Hay país por Pablo Montaño

En nuestro momento más roto, en la hora más cruda y con la amenaza suspendida sobre nuestras ciudades y casas, nos damos cuenta que no estamos solos. Hay país.

Por meses y años nos han privado de toda identidad colectiva, dejando nuestro imaginario nacional a la rapiña de la auto-condenación: “México es corrupto. México no puede, es pobre, es inculto, está dividido, está indefenso…” Pero se equivocaban esas voces, esas voces que tantas veces fueron las nuestras; no veíamos la valentía y el coraje que existen en los pueblos de este país. Sin pedir permiso y sin esperar indicación alguna nos activamos para rescatarnos, para salvar a ese México que se le ha querido hundir.

La corrupción no es cultural, la solidaridad, sí. Entre el dolor por los fallecidos y el impacto de las imágenes de edificios colapsados; ha surgido un “sí se puede” cargado de sentido. Nadie nos va a rescatar si no lo hacemos nosotros mismos; nadie puede cambiar la tragedia en hazaña sino las mujeres y los hombres de ese México que parecía ausente y que ayer despertó y recordó que tenía hermanas y hermanos que necesitaban de él. La mezquindad no tiene lugar entre los brazos enlazados de estas mujeres y hombres. Aquí no caben los cínicos.

Que la fortaleza y la compasión que estamos mostrando no se olvide. Que estos días nos cambien para siempre y sigamos retirando el escombro que nos oprime como país. Que por años sigamos rescatándonos de la pobreza, de la violencia y de la desigualdad. Que reconozcamos en la cotidiana injusticia, la dramática impotencia y desesperación que hoy nos mueve a la acción. Que no volvamos a caer en la mentira que no somos y no podemos. Que no se nos olvide que hay país.

@Pabloricardo2

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AMLO y Venezuela por Victor Orozco

Una de las acusaciones más socorridas contra la candidatura de Andrés Manuel López Obrador es que pretende implantar en México un régimen igual o similar al de Venezuela.

Es eficaz. Porque muchísimos piensan que de triunfar viviríamos los mexicanos la inflación extrema, las carencias y las confrontaciones sociales paralizantes que se viven en la República Bolivariana. Declaro que votaré a favor de AMLO, si el escenario de candidaturas sigue como hasta hoy.

Considero que su proyecto ofrece la posibilidad de cambiar positivamente el rumbo nacional, al menos en un aspecto decisivo: erradicar la corrupción, el cáncer que corroe la estructura del estado y envenena a la sociedad. Al mismo tiempo considero que la defensa de esta propuesta política no va asociada a tomar partido por el gobierno venezolano.

Entiendo que el tema merece un debate profundo, sin embargo, con los elementos de juicio que me he allegado a lo largo de estos años, advierto que el régimen chavista, hoy dirigido por Nicolás Maduro, llegó a sus límites cuando la renta petrolera llenaba sus arcas y podía redistribuirla, haciendo menos injusta a la sociedad venezolana. Al igual que sus antecesores, los gobiernos corruptos que repartían los dólares entre los oligarcas, erró el camino o no pudo hacer lo necesario: desarrollar las fuerzas productivas propias y un mercado interno.

Este hecho lo hizo en extremo vulnerable a las acciones del imperialismo. Ahora, hay poco que repartir, hecho que se traduce en escasez, carencias y pobreza, salvo para la élites asociadas al extranjero o para la alta burocracia política y militar. No es con la estridente demagogia o con el uso del ejército, que el régimen venezolano podrá sortear la crisis. Por todo esto, estoy a favor de deslindar claramente los proyectos.

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El comentario Obligado: Miroslava. Por Caleb Ordóñez Talavera


Ya conocimos en miedo en su nivel más alto. Y nos aterramos ante imágenes infernales; cuando vimos cuerpos colgados en puentes, cabezas ser arrojadas y mensajes amenazantes.
En medio de una guerra en la que nadie nos preguntó si queríamos participar, pero de la que somos testigos silenciosos, amordazados y paralizados por el terror.

Caleb Ordóñez T.

Caleb Ordóñez T.

El sonido de las balas han sido nuestro diario pan durante años, vimos sangre correr por las calles, aquellas que un día fueron nuestras, pero que hoy las peleaban gente desconocida, asesinos despiadados.

Todo por una miserable cantidad de droga, la que ha podrido ideales, la que reduce a nada a quien la vende y la consume.

Conocimos de aquellos que en medio de la confusión sacaban raja política de la situación, movidos por el hambre de figurar y ganar algo a pesar del dolor del prójimo.
Y a pesar de todo eso, decidimos levantar la cabeza, reconstruir nuestros espacios y volver a creer en nuestras ciudades.

Hoy la amenaza sigue latiendo intermitentemente luego de la muerte de la periodista Miroslava Breach, mientras salía de su casa y se preparaba para llevar a su hijo a la escuela. Los ocho balazos perpetuados por manos de cobardes, su muerte no debe ser entregadada al olvido. Su legado de vida, su pasión por la verdad no puede ser en vano.

Como la de cientos de mujeres y hombres que luchan con causas justas y esos ideales se apoderan de su mente haciéndolos rehenes quizá de la utopía y los sueños de cambio, a favor de Los más pobres de los que menos oportunidades tienen, de los olvidados.

Hoy la unidad nos llama a no claudicar hasta exigir fuertemente, pero hacia adentro a lo más profundo de nosotros mismos, no podemos bajar la cabeza.

Nunca más paralizados por el miedo y la intimidación. Nunca más en silencio.

Descanse en paz Miroslava Breach pero que su sangre nos despierte, nos desafíe y llame a defender lo que es todavía es nuestro.

 

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Cien años después de 1917 por Victor Orozco

Hace un siglo, cuando se promulgó la Constitución, concluía un largo ciclo de guerras civiles iniciado en noviembre de 1910. Ardían todavía varios rescoldos de los enfrentamientos armados. Mientras tanto, las tropas norteamericanas que habían invadido el estado de Chihuahua cruzaron la frontera de regreso, dos meses antes de que su gobierno entrara en la Gran Guerra. El país se encaminaba trabajosamente hacia una etapa de paz, en uno de los peores escenarios conocidos. Las fuerzas productivas se encontraban agotadas o destruidas y la población diezmada por las bajas entre muertos e inválidos o emigrados. Para colmo de los males, ese año se inició la epidemia de gripe y no hubo cosechas. Fueron años de hambre.

El comienzo, que todos tenían fresco en la memoria, había sido “la cuestión política” o de la democracia. Un buen sector de la gente, el más activo o rebelde, se hartó de los treinta años con el mismo gobernante, de la ausencia de elecciones, la imposición de autoridades en todos los niveles, la pantomima de la división de poderes, también de los privilegios legales y extralegales para los ricos y las persecuciones a los disidentes.  Estas violaciones a lo postulado en la Constitución de 1857, se fueron acumulando y constituyeron un nido de agravios que finalmente provocaron una gran explosión social. Igual a lo sucedido en 1810 y en 1855-61, en el curso de la revolución se fueron decantando las demandas de cambio y agregándose al catálogo inicial muchas otras, cada vez de mayor contenido social.

La idea de una nueva constitución tomó cuerpo hasta después del triunfo contra la dictadura de Victoriano Huerta y eso en el bando dirigido por Venustiano Carranza. Cuando éste se impuso a los convencionistas en 1915, se abrió paso el proyecto del nuevo código político en el cual se incluyeron las aspiraciones mas generalizadas de los revolucionarios. Sobre todo el reparto agrario y los derechos obreros.

Las constituciones han sido, en términos generales, redactadas por los dirigentes de los grupos protagonistas de las revoluciones. Éstas no son actos provenientes de las urnas, son hechos de violencia, aunque entre sus motivaciones se encuentren ideales democráticos. El código político de 1917 fue el resultado de un debate entre militares revolucionarios y algunos civiles que apoyaban al movimiento armado. Su legitimación proviene, sin más, de la propia revolución triunfante. Y, con el tiempo, de su aceptación gradual por la mayoría de la población.

Reformada en incontables ocasiones, ha permanecido vigente por cien años, un récord en la historia nacional. Desde el México independiente, la legislación del primer imperio fue como éste fugaz, la constitución federal de 1824 duró doce años, la centralista de 1836 estuvo en vigor siete, la de igual corte llamada Bases Orgánicas cinco, luego se sucedieron el Acta de Reformas, la propia constitución de 1824 y los decretos expedidos por la última dictadura santanista. Al último la revolución de Ayutla produjo la gran Constitución Federal de 1857, que duró sesenta años.

Muchas de las reformas sufridas por la ley fundamental de 1917, han tenido la virtud de ir adecuándola a nuevas instituciones y perspectivas universales. Otras han obedecido a la coyuntura política y a los intereses inmediatos de las cúpulas al mando del Estado. Buena parte de sus preceptos, más que una norma jurídica, se parecen a un programa o un proyecto de nación. No regulan conductas de las autoridades o de los ciudadanos, sino contienen anhelos y deseos compartidos por el grueso de los mexicanos, de allí que ningún movimiento popular la haya combatido o dejado de usar como bandera. Con todo eso, ha sido el marco institucional de nuestro devenir en esta última centuria.

¿Lo puede seguir siendo?. En sus postulados centrales sí. La definición del estado mexicano como una república laica, representativa, federal, es uno de ellos. La enunciación de los derechos humanos, de los medios para protegerlos y para ajustar los actos de las autoridades a la ley, entre ellos el juicio de amparo, son también determinaciones esenciales, que estarán en el horizonte jurídico-político mexicano por un sinnúmero de generaciones.

En 1917, uno de los debates cruciales era el del patrimonio nacional, que había sido entregado a los capitalistas extranjeros, según lo consideraban los diputados constituyentes. De allí su empeño en incluir  una cantidad de limitaciones y prohibiciones a la propiedad privada, para garantizar el dominio de la nación sobre sus recursos naturales. Cien años más tarde, seguimos en el debate. Van varios rounds que perdemos quienes estamos en contra de meter esos recursos en el mercado, a disposición de las empresas trasnacionales. La última batalla ganada por los privatizadores fue la reforma de 2013, que revirtió una de las determinaciones claves de la Carta Magna. En presencia de la política de agresión iniciada  por el gobierno norteamericano, aún antes de la asunción de Trump, el asunto vuelve a replantearse de manera parecida a 1917: ¿Con qué instrumentos jurídicos, políticos y de otra índole cuenta la nación para hacer frente al imperio?. Si perdemos el control del petróleo, la energía eléctrica, en general de los recursos energéticos, ¿No implica ello una condición de extrema vulnerabilidad en un pleito con dimensiones económicas, raciales, culturales y si se agudiza, incluso militares?.

La constitución ahora centenaria, tuvo desde su redacción, un énfasis nacionalista, según algunos críticos exagerado. Este impulso fue difuminándose y los políticos dirigentes se apoltronaron, cayeron en las delicias del enriquecimiento fácil producto de la corrupción al tiempo que se entregaban alegremente a los tecnócratas. Éstos, fueron los profetas de la buena nueva proclamada por el mercado mundial y la globalización: estábamos ante el fin de la historia, el único camino hacia el futuro. No se dieron cuenta que Estados Unidos, el socio principal y por momentos casi único, se cuidaba muy bien de no poner en la mesa todas sus cartas, mientras los ingenuos mexicanos sí lo hacían. Hay un chiste, no de mi agrado por sus tufo antifeminista, pero bastante ilustrativo: Un amigo le cuenta a otro que a su mujer no le gustó finalmente la fiesta de intercambio de parejas. Y el otro le contesta: ¿Pero cómo, tú sí llevaste a tu esposa?. Somos el tonto del cuento, en la fiesta de la globalización. Quizá, hoy muchos estén pensando que los constituyentes de 1917 tenían razón, después de todo.

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