El Gobernador electo, César Horacio Duarte Jáquez, ha dado un paso trascendente en su carrera política. Eso es obvio. Sin embargo, esa trayectoria, exitosa desde luego, debe traducirse en un bien para la entidad. No se trata sólo de logros y avances personales, sino de compromisos y exigencias para con la población, el territorio y el gobierno de Chihuahua.
Esto es lo que creo respecto al paso de Duarte por el Gobierno del Estado.
La presencia y el liderazgo tiene que ser una transición histórica que coloque a los chihuahuenses a la vanguardia dentro del grupo de los Estados Unidos Mexicanos.
Claro que si así lo hiciere, la historia colocaría a este joven gobernador en una posición envidiable dentro de la historia no sólo de la entidad, sino dentro de la historia de México.
Hay voces, existen intenciones que, no obstante, pretenden obviar este proceso, desde el cual el brillo de Duarte pudiera tener proyecciones nacionales e internacionales.
Creo que, por el contrario, como gobernador electo, en el proceso de transición, en la entrega-recepción debe tener claro que lo que Chihuahua necesita, urgentemente, son nuevas instituciones. Lo demás, como en el sentido bíblico, vendrá por añadidura.
Todavía no es tiempo, creo, de las elucubraciones, de las ilusiones, de los apresuramientos futuristas.
Para qué soñar tan temprano, si aún estamos despiertos, y en el caso de Duarte, con un pesadísimo cargo que llevar a cuestas.
El Gobernador electo debe evitar, por ahora, todo tipo de distracciones que pongan en riesgo la viabilidad misma de su gobierno en el Estado, en aras de otras aspiraciones.
No debe soñar, en estos momentos, en posiciones personales, sino entregarse, sin demagogia, sin mentiras, sin límites, a la historia, al presente y al futuro de este Estado de oportunidades.
Pero, ciertamente, César Duarte, como pocos, a sus 47 años está en una posición envidiable de incorporarse a la Historia de México.
Necesitamos una integración nacional, con respeto a la Constitución, una renovación y un mejor sostenimiento de las instituciones que nos costaron millones de vidas, en varios procesos revolucionarios, antes de lograr colocarnos como nación independiente.
Hoy por hoy, es dura la carga de nuestro líder, tan dura, que tendrá que llevarnos a otros estratos, pero antes habrá que cumplir forzosamente, con la historia completa de la entidad, para que, no con quimeras, ni con adelantos, sino con merecimientos, pueda aspirar a nuevos cargos y nuevas responsabilidades en el ámbito nacional.
El centrarse, desde ahora, en el horizonte de mediano y largo plazos nacionales, puede omnibular los propósitos, puede desviar la atención de los resultados que exige el Estado.
No debe desviarse, no debe perderse. El objetivo es muy claro: Desde el Gobierno del Estado, Duarte Jáquez, tiene que contribuir a la creación y edificación de las nuevas instituciones para Chihuahua, aunque debe hacerlo en el marco, en el contexto de las nuevas instituciones que México reclama.
Allí está el trabajo; allí el oficio político: cumplir, histórica y cabalmente, la encomienda en el Estado, para aspirar y lograr nuevos pasos en su trayectoria.
Claro que César Duarte puede ser candidato presidencial y presidente... en el momento correcto, en el tiempo adecuado. Hoy existen otros liderazgos presentes, plenos, con mucho mayor trabajo realizado, con los suficientes merecimientos, además de las estructuras necesarias.
Duarte tiene que trabajar sin descanso, para cumplir las tareas pendientes, que son muchas y muy complicadas, en la entidad, para aspirar luego a presentarse como alguien con las tablas suficientes para hacerse cargo de la primera magistratura nacional.
Luego del cumplimiento en Chihuahua, entonces sí, puede con pulcritud, con estética, con respeto y, sobre todo, con mucha fortaleza buscar esos nuevos horizontes, esas grandes aspiraciones que entrañan grandes retos y responsabilidades.
Si está en su destino, si logra construir esos caminos, desde Chihuahua, se emprendería una aventura extraordinaria.
Pero hoy, como Gobernador electo, cuando todavía ni empieza su trabajo, hay quienes empiezan a “volarlo” y es un hecho que va a sentirse bien con el halago, con la sola mención de postularse como “precandidato”. Allí está la amenaza, el riesgo de perder un excelente Gobernador por una candidatura todavía anticipada y volátil.
Insisto: En la medida que César Duarte pueda cumplirle a Chihuahua, en esa medida tendrá la oportunidad de lograr posiciones nacionales, más importantes aún de las que ha logrado hasta ahora, con el sobresaliente desempeño como Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, una de sus excelentes cartas de presentación.
Si sólo tiene la mirada puesta en esos otros derroteros puede perder la gran oportunidad de su vida. Los pasos de César Duarte, pues, están en la entidad, con los pies bien puestos sobre la tierra chihuahuense, en el compromiso con nuestra gente en las regiones, los municipios y las localidades que merecen un óptimo desempeño.
Construyamos, pues, las nuevas instituciones para Chihuahua, y luego, cómo no, en su momento, las nuevas instituciones que México exige. ¡Suerte César!
frodriguezperez@hotmail.com29/07/2010